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La Ciudad de Pilar : Situación Geográfica
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PILAR Buenos Aires ARGENTINA
Pilar
es una ciudad del Gran Buenos Aires, Argentina. Es la cabecera
del partido homónimo. Se encuentra a 54 km de la Ciudad de
Buenos Aires por la Autopista Ramal a Pilar
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La República Argentina es un
estado soberano, organizado como
república
representativa y
federal, situado en el extremo sur de
América. Su territorio está dividido en
23
provincias y una ciudad autónoma,
Buenos Aires, capital de la Nación y
sede del gobierno federal.[3]
Sus cerca de 40 millones de habitantes
promedian índices de
desarrollo humano,
renta per cápita, nivel de crecimiento
económico y
calidad de vida, que se encuentran entre
los más altos de
América Latina.[4]
Según el
Banco Mundial, su PBI nominal es el 30º
más importante del mundo,[5]
pero si se considera el poder adquisitivo su
PBI total trasforma al país en la 23º
economía más importante del mundo.[6]
[7]
Actualmente la Argentina está clasificada
como un país de ingresos medianos altos[8]
o como un
mercado emergente, también por el Banco
Mundial.[9]
[10]
Por su extensión, 2.780.400 km², es el
segundo
estado de
América del Sur, cuarto en el continente
americano y octavo en el mundo, considerando
solamente la superficie continental sujeta a
su soberanía efectiva; si se toman en cuenta
las islas
Malvinas,
Georgias del Sur,
Sándwich del Sur y
Aurora (administradas por el
Reino Unido, pero reivindicadas por la
Argentina como
parte integral de su territorio), más el
área antártica reclamada al sur del paralelo
60° S, denominada
Antártida Argentina (que incluye a las
islas
Orcadas del Sur y
Shetland del Sur), la superficie total
se eleva a 3.761.274 km².[1]
Su territorio continental americano, que
abarca gran parte del
Cono Sur, limita al norte con
Bolivia y
Paraguay, al nordeste con
Brasil, al oeste y sur con
Chile y al este con
Uruguay y el
Océano Atlántico.
El
25 de mayo de 1810 fue depuesto el
último
virrey
español que gobernó desde Buenos Aires,
organizándose la
Primera Junta de gobierno, y el
9 de julio de
1816 fue proclamada formalmente en
Tucumán
su independencia como país libre y
soberano.
El nombre "Argentina" proviene del
latín "argentum" (plata)
y está asociado a la leyenda de la
Sierra de la Plata, común entre los
primeros exploradores europeos de la
región, tanto españoles como
portugueses. Fueron estos últimos
quienes denominaron Rio da Prata
(Río
de la Plata) al gran
estuario descubierto por la
expedición portuguesa de
1502 en la que participaba
Américo Vespucio y al que luego
llegó
Juan Díaz de Solís en
1516, llamándolo Mar Dulce.
El nombre se hizo popular a causa de un
poema publicado en
1602 por el español
Martín del Barco Centenera titulado
La Argentina, en el que se
describe la región del Río de la Plata
así como también la fundación de la
ciudad de Buenos Aires.[11]
El
topónimo aparece ratificado al
publicarse en
1612 la obra La Argentina
manuscrita del
criollo
asunceno
Ruy Díaz de Guzmán, obra de historia
en la que, en medio de un relato
épico, se hace una descripción de la
región. A finales del
siglo XVIII, la palabra era de uso
común para denominar todo lo relacionado
con el Río de la Plata, su cuenca, su
territorio y sus pobladores, pero el
virreinato creado en 1776, antecedente
inmediato del país independizado en
1816, llevó el nombre de "Virreinato
del Río de la Plata".
La
Primera Junta de Gobierno utilizó el
nombre de
Provincias Unidas del Río de la Plata,
que fue también empleado por los
gobiernos que le sucedieron hasta que,
en
1816, el
Congreso de Tucumán proclamó la
independencia de las
Provincias Unidas en Sud América,
nombre que mantuvo en la
Constitución de 1819.
Oficialmente, se utilizó por primera vez
la denominación República Argentina
en la
Constitución de 1826. Durante el
gobierno de
Juan Manuel de Rosas (1835-1852) se
utilizaron, entre otros, los nombres de
Confederación Argentina,
Estados Unidos de la República Argentina,
República de la Confederación
Argentina y Federación Argentina.
La
Constitución Argentina de 1853 se
sancionó en nombre del pueblo de la
Confederación Argentina, pero al
incorporarse el Estado de Buenos Aires,
en
1860 se cambió por Nación
Argentina y se incorporó el artículo
35:
Las denominaciones adoptadas
sucesivamente desde 1810 hasta el
presente, a saber: Provincias Unidas
del Río de la Plata; República
Argentina, Confederación Argentina,
serán en adelante nombres oficiales
indistintamente para la designación
del Gobierno y territorio de las
provincias, empleándose las palabras
"Nación Argentina" en la formación y
sanción de las leyes.[12]
El 8 de octubre de
1860, en la ciudad de Paraná
(entonces capital de la Confederación
Argentina), el presidente
Santiago Derqui decretó que:
[...] siendo conveniente a este
respecto establecer la uniformidad
en los actos administrativos, el
Gobierno ha venido a acordar que
para todos estos actos se use la
denominación República Argentina.[13]
El nombre fue confirmado
definitivamente en
1862 por
Bartolomé Mitre (primer presidente
del país reunificado), al utilizar el
título de
Presidente de la Nación Argentina.
Prehistoria
Los
primeros pobladores del actual
territorio argentino se remontan al
paleolítico (según hallazgos en
Piedra Museo,
Provincia de Santa Cruz).[14]
Entre los pueblos
indígenas, los cazadores y
recolectores habitaban la
Patagonia, la
Pampa y el
Chaco; y los agricultores estaban
instalados en el
noroeste,
Cuyo, las
Sierras de Córdoba y, más tarde, en
la
Mesopotamia argentina.
Tastil, en el norte, fue la ciudad
precolombina más grande ubicada en el
actual territorio argentino, con una
población de 2.000 habitantes.[15]
En los
siglos XIV y XV, el
Imperio Inca conquistó parte de las
actuales provincias de Jujuy, Salta,
Catamarca, el extremo oeste de Tucumán,
La Rioja, San Juan, el noroeste de
Mendoza y, probablemente, el norte de
Santiago del Estero,[16]
incorporando sus territorios al
Collasuyo, que era la parte sur del
Tahuantinsuyo o regiones del Imperio
Inca. Tradicionalmente, se atribuye la
conquista al inca
Túpac Yupanqui. Varios señoríos de
la región, como los
omaguacas, los
atacamas, los
huarpes, los
diaguitas y otros, intentaron
resistir, pero los incas lograron
dominarlos, trasladando a sus
territorios a los
mitimaes o colonos deportados de las
tribus de los
chichas, que habitaban en lo que es
el suroeste del actual territorio
boliviano. Otros, como los
sanavirones, los
lule-tonocoté
y los
comechingones, resistieron
exitosamente la invasión incaica y se
mantuvieron como señoríos
independientes.
El fuerte
de
Sancti Spiritu fue el primer
asentamiento español, instalado en
1527 cerca de la actual ciudad de
Santa Fe.[17]
Las ciudades de
Santiago del Estero (1553),
Córdoba (1573)
y
Buenos Aires (1536/1580)
fueron las bases del establecimiento
colonial que se impuso en la mitad norte
del actual territorio argentino, sujeto
a la autoridad de la
Corona Española (la
Gobernación del Río de la Plata). A
partir de la progresiva mixogénesis (mestizaje)
y teniendo como una de sus bases
económicas fundamentales la ganadería
extensiva, surge ya claramente a partir
del
siglo XVII una población que
resultaría paradigmática y luego
decisiva en la gesta independentista: la
de los
gauchos.
Durante la
mayor parte del período colonial, el
territorio argentino dependió del
Virreinato del Perú, hasta que en
1776, durante el reinado de
Carlos III de España, comenzó a
formar parte del
Virreinato del Río de la Plata. La
ciudad de Buenos Aires fue designada
como su capital con la idea de resistir
mejor a un eventual ataque portugués y
para tener un acceso más fácil a España
a través de la navegación atlántica.[18]
En
1780 se produjo un gran
levantamiento indígena con epicentro en
el
Cuzco, dirigido por el
inca
Túpac Amaru II, que abarcó desde el
actual territorio argentino hasta el
actual territorio colombiano. Gran parte
de la
Patagonia y las
pampas permanecieron bajo el control
de diferentes pueblos indígenas:
principalmente,
tehuelches y
mapuches en la Patagonia y
ranqueles en la llanura pampeana
hasta el último cuarto del
siglo XIX. Asimismo, los territorios
de la
región chaqueña no fueron
colonizados por los europeos, sino que
permanecieron habitados por pueblos
autóctonos como los
tobas,
mocovíes,
pilagás y
wichís hasta principios del
siglo XX.
En los años
1806 y
1807 tuvieron lugar las
Invasiones Inglesas, y, en ambas,
Santiago de Liniers lideró a las
tropas que expulsaron a las fuerzas
británicas. La primera fue al mando de
tropas de la
Banda Oriental y la segunda fue
dirigiendo tropas del
Regimiento Fijo de Buenos Aires y
batallones milicianos formados por
numerosos criollos, tanto porteños como
provenientes del Interior
(principalmente, de Asunción del
Paraguay y de Córdoba), indígenas y
hasta esclavos negros.
La voluntad
popular precipitó la destitución del
virrey
Rafael de Sobremonte para, a
continuación, elegir como virrey a
Santiago de Liniers, convertido en héroe
de la reconquista y la defensa.[19]
Los principales líderes de estas
milicias se convirtieron rápidamente en
una nueva élite de poder en la ciudad de
Buenos Aires, ingresando como miembros
del
Cabildo, hasta entonces formado
exclusivamente por españoles.
Aunque
Liniers aún gobernaba en nombre de
España, la destitución de un virrey por
presión popular era un hecho inédito en
la historia de América. Tanto este hecho
como la derrota de los ejércitos
británicos, dieron un gran prestigio a
Buenos Aires, que ganó un carácter de "Hermana
mayor" ante las demás provincias.[20
Las
provincias del
Litoral argentino y la Banda
Oriental (unidas en la
Liga Federal bajo protectorado de
José Gervasio Artigas), que habían
declarado la independencia de España en
1815 en
Concepción del Uruguay, el
Paraguay (ya independiente) y la
mayor parte del
Alto Perú (bajo ocupación española),
que integraron también el virreinato, no
estuvieron representadas.
En varios
puntos de Sudamérica se encontraban
focos de resistencia
contrarevolucionaria, que intentaban
restaurar la autoridad de la monarquía
española en la región. Sus avances
fueron contenidos, entre otros, por
Manuel Belgrano,
José de San Martín y
Martín Miguel de Güemes. San Martín
es, junto a
Simón Bolívar, responsable de las
gestas libertadoras que finalizaron la
presencia española en el continente
La formación
del estado federal
Las
primeras décadas como país independiente
fueron tumultuosas. Las luchas entre
unitarios y
federales condujeron a la Argentina
a una larga serie de sangrientas
guerras civiles entre facciones y
provincias (1820-1861); también, la
ocupación lusobrasileña de la
Banda Oriental desencadenó una
Guerra con el Imperio del Brasil
(1825-1828).
Respecto
del territorio, en
1826 la provincia de
Tarija fue incorporada a Bolivia y,
como resultado de la
Convención Preliminar de Paz que
intentaba poner fin a la guerra con el
Brasil, en
1828 la Banda Oriental fue declarada
independiente adoptando el nombre de
República Oriental del Uruguay.[23]
Entre
1820 y
1852, excepto un breve intervalo
entre
1825 y
1827, el país careció de un gobierno
nacional, asumiendo las provincias la
plenitud del gobierno en el ámbito de
sus respectivos territorios. La única
excepción fue la
representación externa, que fue
asumida por el gobernador de la
provincia de Buenos Aires, cargo
desempeñado durante la mayor parte del
período por
Juan Manuel de Rosas, de tendencia
federal.[24]
En esa etapa, la Argentina mantuvo
conflictos bélicos con la
Confederación Perú-Boliviana,
con Francia, con el llamado
Gobierno de la Defensa de Montevideo
(colorado) al apoyar la Confederación
Argentina a los
nacionales uruguayos y
con una alianza anglo-francesa.
La organización constitucional
En el año
1852 Rosas[25]
fue derrotado en la
batalla de Caseros por el
Ejército Grande, una alianza entre
las provincias de
Entre Ríos y
Corrientes, las tropas
coloradas de Uruguay y otras de
Brasil. La alianza fue encabezada
por el federal antirrosista
Justo José de Urquiza, gobernador de
Entre Ríos, quien asumió la presidencia
provisional.
Este
período duró hasta la sanción de una
Constitución en el año
1853, la cual adoptó un régimen
federal; pero esta fue rechazada por
parte de la provincia de Buenos Aires,
que se separó de la
Confederación Argentina, debido
a lo cual esta debió establecer su
capital en la ciudad de
Paraná. En
1859, la Confederación derrotó a
Buenos Aires en la
Batalla de Cepeda, pero sin lograr
la reunificación del país. En la
batalla de Pavón (1861),
las provincias confederadas se rindieron
ante las tropas porteñas al mando de
Bartolomé Mitre, tras lo cual se
puso fin a la existencia de dos estados
separados y Mitre asumió la presidencia
de la nación unificada.
En
1865 Argentina se vio involucrada en
la
Guerra de la Triple Alianza con el
Paraguay, al ocupar este país la
ciudad de
Corrientes, después de que Mitre
negara el paso de tropas paraguayas por
territorio argentino en dirección a
Brasil y Uruguay. Como consecuencia de
estas acciones, se firmó el Tratado de
la Triple Alianza entre Argentina,
Uruguay y el
Imperio de Brasil.[26]
Fue un conflicto impopular en Argentina
y las tropas que se enviaron fueron
escasas. Paraguay resultaría finalmente
derrotado en
1870, muriendo una gran parte de su
población masculina.[27]
Para Argentina, el final de la contienda
significó territorialmente la
consolidación de los límites en el
noreste, ya que se fijó la frontera en
los ríos
Pilcomayo,
Paraguay y
Paraná, y se aceptó someter a
arbitraje el área al norte del río
Pilcomayo hasta el río Verde.[27
Gobiernos
conservadores y sanción del sufragio
secreto
Entre
1878 y
1884 se produjo la llamada
Conquista del Desierto, que
consistió en una serie de incursiones
militares contra los
mapuches y otros pueblos indígenas
para anexar al territorio argentino los
territorios pampeanos y patagónicos
donde habitaban.[28]
El éxito de la medida propició una
acción similar en la región del
Gran Chaco, que en 1884 sufrió una
acción militar destinada a someter a los
indios y ocupar plenamente el
territorio.[29]
En la
segunda mitad del
siglo XIX se inicia un período de
gran prosperidad que se extenderá por
más de un siglo. Con una fuerte
inversión en educación y en el
establecimiento de medios de producción
orientados a la producción de
carne y
granos con destino al mercado
europeo, la economía alcanzó altos
niveles de crecimiento que atrajeron una
gran corriente inmigratoria. La
población argentina, que representaba el
0,13% de la población mundial en
1869, pasaría a representar el 0,55%
en
1930, proporción en la que,
aproximadamente, se estabilizaría desde
entonces.[30]
El país fue conocido en esa época como
el granero del mundo.[3
Golpes de estado e
inestabilidad
En el
contexto internacional de la
Gran Depresión que siguió al
Jueves Negro de 1929, el
6 de septiembre de
1930 se produjo el primero de una serie de
golpes de Estado en Argentina que llevó al poder a
los militares para establecer un
gobierno de facto, después de derrocar a
Hipólito Yrigoyen. Este
golpe de Estado inició una época conocida como la
Década Infame.[33]
A partir de esa década el país impulsó un proceso de
sustitución de importaciones que desarrolló un
amplio sector
industrial. La Década Infame finalizó con la
Revolución del 43, un segundo golpe de estado. A
pesar de la presión internacional, la Argentina se
mantuvo neutral durante la mayor parte de la
Segunda Guerra Mundial, y se unió a los
Aliados el
27 de marzo de
1945, durante el gobierno de
Edelmiro Julián Farrell.
El
24 de marzo de
1976 se produjo un nuevo golpe
militar autodenominado
Proceso de Reorganización Nacional,
durante el cual se desarrolló un proceso
sistemático de secuestro y tortura de
personas —la llamada "guerra
sucia"—, producto del cual hubo una
gran cantidad de
desaparecidos. La cifra exacta está
sujeta a debate: la
CONADEP registró 8.961 casos,
mientras que otros organismos de
derechos humanos elevan la cifra a
30.000. El número de las indemnizaciones
otorgadas por el estado a familiares de
desaparecidos llega a 13.000.[37]
En
1978 se produjo una grave crisis con
Chile por los límites en la zona del
Canal Beagle (Conflicto
del Beagle), que llevó a ambos
países al borde de la guerra. Durante el
Proceso hubo un importante
aumento de la
deuda externa nacional. En el año
1982 se desarrolló la
Guerra de las Malvinas con el
Reino Unido; la derrota argentina
fue uno de los factores que llevó al
colapso del régimen militar y el llamado
a elecciones generales para el año
siguiente.
Regreso a la democracia
La
democracia fue restablecida el
10 de diciembre de
1983. El nuevo presidente,
Raúl Alfonsín de la
Unión Cívica Radical, tomó medidas para investigar
los
crímenes de lesa humanidad ocurridos durante la
dictadura anterior, estableció el control civil de las
Fuerzas Armadas y consolidó las instituciones
democráticas. En el
juicio a las Juntas los miembros de las tres
primeras juntas militares fueron procesados y algunos
fueron condenados.[38]
Después de las
elecciones presidenciales de 1989 y afectada la
gobernabilidad del país por un proceso
hiperinflacionario, Alfonsín se vio obligado a
renunciar para hacer la entrega anticipada del mando con
seis meses de anticipación.[
Su sucesor,
el presidente
Carlos Menem del
Partido Justicialista, sancionó la
Ley de Convertibilidad del Austral
en
1991 que detuvo la
inflación estableciendo una
Ley de convertibilidad y adoptó una
política económica
neoliberal, apoyada en una ola de
privatizaciones, reducción de aranceles
a los productos importados y
desregulación de los mercados. Estas
medidas contribuyeron a aumentar
significativamente la inversión, las
exportaciones y el crecimiento con
precios estables.[40]
Pero, por otra parte, también abrieron
un proceso de desindustrialización,
hicieron a la economía más vulnerable a
las crisis internacionales, y aumentaron
el desempleo, la pobreza y la
precariedad laboral.[41]
La
crisis financiera asiática de
1997 y la brasileña de
1998 precipitaron la salida de
capitales, abriendo camino a la mayor
recesión de la historia argentina que
duraría cuatro años.[42]
En esas
circunstancias, en diciembre de
1999 asumió la presidencia
Fernando de la Rúa de la
Unión Cívica Radical, que por
entonces formaba parte de
La Alianza. En
2001, ante la fuga masiva de
capitales, el gobierno dispuso la
congelación de los depósitos bancarios
(medida popularmente conocida como
el corralito), que culminó en
una
crisis social generalizada que llevó
a la renuncia del presidente el
20 de diciembre de 2001.[43]
[44]
Tras dos
semanas en que se sucedieron varios
presidentes, la crisis culminó el
2 de enero de
2002 con la elección por parte de la
Asamblea Legislativa de
Eduardo Duhalde, del
Partido Justicialista, como
presidente provisional.[45]
La deuda externa argentina entró en
suspensión de pagos durante el breve
gobierno de
Adolfo Rodríguez Saá,[46]
y el gobierno de Duhalde devaluó el peso
dando fin a la Ley de convertibilidad.[47]
Por medio
de una fuerte devaluación de la moneda
local, el país comenzó a poner en
práctica una nueva política de
industrialización por sustitución de
importaciones, aumento de exportaciones
y superávit fiscal. Hacia finales de
2002, la economía empezó a
estabilizarse.[48]
En
2003 fue elegido presidente
Néstor Kirchner por el
Frente para la Victoria (un partido
escindido del
Partido Justicialista). Durante su
presidencia se nacionalizaron algunas
empresas privatizadas y se registró un
aumento considerable del PBI, además de
una disminución del desempleo, basada en
parte en la creación de puestos de
trabajo genuinos arrastrados por la
reactivación del sector agropecuario, el
complejo agroindustrial y los sectores
industrial y de la construcción, y
reduciendo progresivamente los subsidios
y planes sociales creados en
2002; al tiempo, regresaba la
inflación.[49]
El
28 de octubre de
2007 ganó las eleciones
presidenciales
Cristina Fernández del
Frente para la Victoria, primera
mujer elegida por el voto popular en la
historia del país y esposa de Néstor
Kirchner, a quien sucedió en el cargo el
10 de diciembre de
2007. Durante su gobierno tuvo lugar
un extenso
paro agropecuario como protesta de
los productores rurales por las
retenciones aplicadas a la exportación
de
soja y
girasol.[50]
Dicho paro llevó a cortes de ruta y
situaciones de desabastecimiento,
cacerolazos en todo el país y enfrentó
al gobierno con los productores rurales
Territorialmente, la República Argentina
está organizada en 23 provincias y la
Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, en donde se encuentra
la sede del gobierno federal.[3]
Mediante la ley N° 23.512 de 1987, la
Capital de la República debe ser
trasladada a los municipios de
Viedma y
Guardia Mitre (Río Negro) y
Carmen de Patagones (Buenos Aires).
El traslado fue aceptado por las
provincias de Río Negro (ley N° 2.086) y
Buenos Aires (ley N° 10.454), pero
caducó en ambos casos en 1992 al no
efectuarse. Para marzo de 2008 la ley
nacional no ha sido derogada.
Las
provincias dividen su territorio en
departamentos, con la excepción
de la
provincia de Buenos Aires que lo
hace en municipios denominados
partidos.[76]
Los departamentos, en general, no
cuentan con funciones administrativas,
aunque en las provincias de
Mendoza,
San Juan y
La Rioja cada departamento es un
municipio. En algunas provincias los
departamentos son utilizados como
distritos electorales para determinar
representantes a las legislaturas
provinciales y sirven como unidades de
descentralización de diversos órganos
provinciales como la
policía y el
Poder Judicial.
La
Constitución Nacional de 1994
reconoce la autonomía municipal, pero da
potestad a las provincias para reglar su
alcance y contenido,[12]
por lo | | | |